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6/8/11

Unrequited Love

ATENCIÓN
Mira que me jode tener que destripar la trama así de buenas a primeras... pero bueno. Abajo hay yaoi. YAOI. Leed bajo vuestra propia responsabilidad.



Alfombrado el suelo con la muerte de las hojas, crujientes y podridas, la superficie arenosa se resecaba con el oscuro color pardo que detuvo su vida. La arcilla y el barro chapoteaban a su alrededor, delineando el contorno de sus otrora venas plenas de clorofila y savia. Unos pies bailaban sobre ellas con el renqueo característico de quien se ha abandonado al mundo. Sus desgastadas zapatillas de estudiante partían el suelo y la arenisca, y la noche recibía cálida el crujir desesperado de los muertos, bien muertos, cuyos restos desperdigados no eran ya importantes para nadie. Un puñado de hojas.

Su cuerpo se estremecía resquebrajando la frágil y rugosa corteza arbórea. Los nudos contra su espalda moldeaban su columna inquieta, el dolor era sordo y distante, perdido en el placentero torrente que nacía a pocos centímetros de su ombligo. El paraje desolado acogía las tumbas de los seres en su vientre yermo y arrugado, condenado a no florecer para mantener el descanso de unas cuantas almas que viajaron a la muerte excavando bajo su superficie. Insultante era pues, como mínimo, que hubieran escogido el lugar de reposo de quienes un día fueron para disfrutar de un presente que se escurría a marchas forzadas.

La toga negra, incuestionable símbolo universitario, plegaba su tela a ambos lados de la cintura del muchacho. Los pantalones yacían desmadejados sobre sus tobillos. Unas manos finas y huesudas estiraban hacia abajo su ropa interior, deslizándola sobre la frágil piel excitada de unos muslos apretados. La calidez del aliento ajeno fue lo único que precedió la humedad de sus labios. Aprisionado contra una lengua danzarina, el cielo de su boca y el apenas nimio roce que, en un descuido, acercaba los dientes a la carne, el estudiante dejó que sus labios descolgaran un suspiro de alivio. Los besos que se habían dado le parecian tan lejanos; la tibia saliva ahora adornando el extremo inflamado de su sexo, en compañía de unas solitarias gotas de lo que podría decirse su esencia. Sus brazos se abrieron camino a través de las profundas mangas negras, imitando el comportamiento de las enredaderas sobre el cabello ensortijado del muchacho. Tenía un tacto suave que recordaba a la planta del algodón, los mechones curvos más cortos se le anillaban en torno a los dedos como raíces recién germinadas. De no ser por la escasa luz de las farolas, casi hubiera podido jurar que el oscuro color de su cabello despuntaba un destello verdoso, como el musgo sobre las rocas. El joven arrodillado abrió los ojos. Sustituyó la estrechez de sus labios por una mano firme antes de volver su rostro hacia el cielo, buscándole. Su mirada clara recordaba a un amanecer, azul en el cielo y verde en la tierra, y ahora transmitía una muda súplica de naturaleza desconocida. Aliméntame, parecía decir. Aliméntame.
El oxígeno danzaba bajo la cristalera que contenía la potente bombilla de la farola, metros y metros más allá, junto a la desvencijada verja que abría el campo santo. Calor para la farola o acaso un espejismo, pero, en cualquier caso, casi tan caliente como él mismo. Las yemas de los dedos de aquel hombre le recorrían las piernas como besos de polilla, se estrechaban en el vértice en el que convergía su cuerpo y subían, rasguñándose los nudillos, hasta calar sus apéndices entre la corteza y la curva redondez de su trasero.

Sobre sus dos piernas, la altura del otro muchacho arrojaba sombras por encima de su cabeza. El cabello se le derramaba en ondas hasta la clavícula, lleno de pequeñas ramitas picudas y hojas sanas de roble. La túnica negra se le abría también a él, revelando nada más que la simple desnudez. Tenía pegotes de barro y arena enfangados en sus flacas rodillas; una expresión animal empañando su mirada de color incierto. Su estómago dio un vuelco al sentirle apretarse contra él, las pulsaciones de su carne deslizándose alrededor de su ombligo. La fragancia salvaje de la naturaleza taladró su cerebro cuando su nariz resbaló por el arco entre el cuello y el hombro del muchacho, y la imagen que enfocaba comenzó a difuminarse. Con los ojos llorosos, sus estrechas manos estrujaron el infinito manto negro de estudiante que ocupaba su compañero hasta dar con los demacrados brazos que asemejaban al hueso. Pliegues de tela que le volvieron loco de atar, pues aquella túnica que ostentaba los ribetes rojos de las humanidades planteaba su longitud en un problema de indeterminaciones matemáticas.
Una carcajada limpia, campanillas restallando en libertad, martilleó contra su oreja derecha. El estudiante salvaje se deshizo de la pesada prenda a golpe de hombro, exhibiendo la ausencia de ropa con orgullo mal disimulado. Delgado como un palo, su carne exudaba vida. Burbujeante vida caliente, como agua que hierve en una olla cualquiera.

Serpenteando contra la cadera desnuda, las manos del muchacho le agarraron a través de sus aguados ojos. El plástico que comprimía su sexo era insoportable, el lugar más reducido del mundo. La huella de la saliva casi seca: lejano el placer del momento. Estaba tan excitado que casi dolía. Y la risa. Dulce melodía que se escurría como un nectar pegajoso, a ratos burlona, a ratos compasiva.
El muchacho desnudo avanzó por entre la naturaleza muerta a sus pies, apartando a su compañero estudiante del incómodo tronco sobre el que se apoyaba. Las palmas de sus manos se clavaron en la corteza, pareciera que buscando la fundición con el imponente gigante. El sudor se le escurría por el espinazo, gotas translúcidas que iban camino de convertirse en riachuelos, una sugerente invitación de la mano de su espalda doblada. Aún así, le echó un último vistazo, una de sus cejas alzadas, divertida a la par que incrédula. Suficiente para él, que se secó los ojos con una de las kilométricas mangas, se apartó la túnica con los dedos y colocó su cuerpo tan cerca como pudo permitirse. Su propia mano, enderezando su endurecido sexo, le sirvió de guía ciega. Una vez se introdujo en la estrecha cavidad de su compañero, fue consciente de la resistencia que el cuerpo ajeno ofrecía. El lento avanzar arrancaba un gimoteo sordo en la garganta del otro joven.

Los restos del dolor se entremezclaron con un incipiente cosquilleo placentero, la huella del daño siempre presente, sin embargo. El muchacho que se agitaba en un vaivén repetitivo se había entregado, por otro lado, al agradable calor interior. Estimulado por una estrechez que lo empujaba al encogerse y sobre la que se desplazaba, no existía más mundo para él. Reducido al primitivo instinto de la reproducción, seducido por la curvatura de sus cabellos, curvatura sobre la que se podrían esbozar una y mil funciones, y la fragancia de las hojas que aún subsistían en las altas copas, pisaba la muerte con sus zapatillas, orgulloso representante de los vivos. La violenta cadencia de sus golpes incrementó al pensar en el extraño estudiante de los ribetes rojos. Venido de quién sabe dónde, siempre se presentaba en todas partes como recién salido de un banco de niebla. Su olor a clorofila y menta y sus extrañas costumbres... ahora entregándoselas a un completo desconocido. Esta noche olía a roble, roble viejo, roble antiguo. Un olor asombroso que le nublaba la mente.
Utilizó una de sus manos para masturbarle. Suave al principio, acelerando en cada subida.

La cima del placer era insoportable. Trataba de aferrarse al presente para no perderse, reducir la movilidad hasta que su cadera se detuvo casi por completo, pero lo que sujetaba eran hilos, no duras cuerdas de piano. Uno a uno se iban marchando, ensanchando la grieta que mantenía la cordura en su sitio. Los jadeos, las rítmicas pulsaciones que acariciaba con su palma, acicateaban su resistencia hasta su pobre límite. Intentó resistirse... y consiguió arañarle unos segundos al tiempo. Al final, se entregó sin remedio al violento placer del orgasmo mientras su mente dibujaba un extraño paisaje de árboles, hojas y remolinos. Su cuerpo se vaciaba lejos de la tierra, tan lejos como viajaban sus pensamientos.

Con paso vacilante, fue separándose del muchacho, renqueando hacia atrás hasta caer de culo contra la hojarasca. Se dio cuenta entonces de que su mano estaba manchada de una sustancia blanquecina. 
Al joven estudiante desnudo aún le costó un rato recuperarse de su agitación. El sudor le plagaba las sienes, pero tenía una curiosa sonrisa de felicidad que no podía ocultar. Se agachó en busca de la túnica negra y se la colocó con diestra maestría. Su último gesto fue acariciar el mentón de su amante; los dos dedos se deslizaron hasta los labios, cerrando la boca entreabierta. Luego, arrebujado en la enorme capa negra que le hacía parecer un cuervo, se alejó del lugar.

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Skinny dipping in the dark
Then had a ménage à trois


That's it. Yo no tengo licencia de ningún tipo, ni pienso tenerla jamás, porque si voy predicando que el acceso a la cultura ha de ser libre, no me da la gana caer en la hipocresía de ponerle candados a mis humildes contribuciones. No tengo licencia, este texto me pertenece tanto como me pertenece esta página, y cualquiera puede cogerlo, disfrutarlo, retorcerlo, cambiarlo o proclamarlo como suyo. Lo único que yo he hecho ha sido escribirlo, y, aunque de alguna forma está más ligado a mí que a nadie, ni es mío ni me pertenece. Afirmación aplicable a todas y cada una de las palabras que escribo en esta página, me gustaría señalar.

Prácticamente todos tenéis esa licencia de Creative Commons, me he fijado, no creáis. Tengo curiosidad, así que, oh please, os rogaría que no le pusierais un tono de despreciativa superioridad a mis preguntas. ¿De qué os sirve saber que nadie va a poder utilizar vuestra obra? ¿De verdad puede más el odio hacia los, digamos, buitres que lo que una imaginación fértil y ajena pueda obrar sobre vuestras palabras?

Venga ya, que yo os leo y no sois tan jodidamente buenos como para que nadie quiera robaros nada. Ni a vosotros ni, por supuesto, a mí.


Vale, eso ha sido un golpe bajo. Pero como también me incluyo, pues...

10/1/11

Don't ever look back [AlmaxKanda FanFic]

Puede contener SPOILERS del manga, concretamente del capítulo 190 en adelante. No se trata de nada que pueda arruinar el argumento de la obra, pero se mencionan personajes que pueden ser desconocidos para quienes no sigan la historia del manga.
Hay leves insinuaciones de YAOI. Leed bajo vuestra propia responsabilidad. 

Lectura de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo.

Tenía los ojos abiertos, brazos y piernas intactos, y estaba tan alerta y preparado como siempre. Me sentía relajado y tranquilo, y en aquel lugar había espacio suficiente para maniobrar. Definitivamente, aquello parecía uno de los campos de entrenamiento, y quizá así lo fuera, pero nunca lo llegué a dilucidar, porque, pese a todo, ni mis ojos lo vieron, ni mis brazos lo detuvieron, ni mis piernas me permitieron esquivarlo.
Desperté violentamente tras un buen rodillazo por parte de mi compañero de cama, con lágrimas en los ojos y el espasmódico movimiento para recuperar la posición fetal ya iniciado. Me abracé con fuerza la barriga mientras gritaba sin miramientos en lo más profundo de mi cerebro todas las maldiciones que se me ocurrían. Dolía como si me hubieran embestido con un ariete a toda velocidad, qué golpe más bruto. El líquido que se había agolpado en mis lacrimales me empezaba a escocer, así que entreabrí los ojos para poder parpadear y dejar que las lágrimas se derramaran y fueran a parar a las sábanas o a la almohada o a donde quiera que les diera por caer. Quizás con toda aquella actuación sólo estaba esperando a que él hablase y sacase a pasear esa particular forma suya de ser para poder devolverle el golpe y quedarme tan a gusto, pero no lo hizo. No lo hizo porque estaba dormido y yo pude verlo a través de mis ojos entreabiertos y húmedos.

Era la primera vez que le veía dormir. Era la primera vez que le veía actuando en consonancia con sus sueños y viviendo en aquel otro mundo al que nos decían que teníamos que ir todas las noches… o al que íbamos por fuerza todas las veces que acabábamos a golpes. El mundo al que llegábamos cuando, durante la sincronización, nos quedábamos inconscientes. En un acto reflejo agité la cabeza de lado a lado para sacudirme aquel último pensamiento; justo en este momento no me apetecía ponerme a recordar las sesiones de sincronización. La reminiscencia de ese dolor hizo que el daño provocado por el rodillazo se disipara en una especie de neblina cálida, como un pequeño torrente de sol.
La verdad era que nunca antes había visto a Yū tan… indefenso no era la palabra, pero tampoco lo era tranquilo porque hasta en sueños era capaz de pegarme y no dejar de moverse de un lado a otro. Yo ya estaba acostumbrado a que se revolviera sobre sí mismo y sobre mí mismo también, pero si continuaba incrementando la violencia de sus giros y vueltas, al final un día terminaría por separar las camillas sobre las que descansábamos. El papel que mediaba entre el plástico blanco y su cuerpo ya estaba totalmente arrugado. El mío no lo estaba tanto, pero me apresuré a alisarlo con el brazo. Era un poco incómodo dormir sobre un gurruño de arrugas.
Mientras rehacía mi trozo de cama, utilizando ahora las dos palmas para estirar mejor la tela de la camilla bajo mi cuerpo, me detuve apenas un momento para contemplar a mi compañero. Llevaba un rato quieto y no pude evitar achacarlo a un estado de coma. No era la primera vez que Yū entraba en coma y no me preocupaba demasiado, pero de todas formas quería avisar a alguien si así fuera. Quizás después me fuera directamente a la sala matriz a darles a todos los buenos días. Igual…

Durante un rato me olvidé de mi tarea. Apoyando el codo sobre la tela que cubría el fino colchón de plástico, me dediqué a observar con atención al muchacho que dormía. Yū Kanda era un niño alto de nueve años de edad. Su cuerpo era largo y delgado, como una espiga, y los músculos poco a poco comenzaban a dibujarse con impecable delicadeza sobre él. Todavía llevaba puestos los pequeños pantalones oscuros que se le ceñían bajo el ombligo y que le cubrían hasta las rodillas. El pecho estaba desnudo y yo podía fijarme en el detalle normalmente imperceptible de su respiración sobre el diafragma. Subía y bajaba con pesada lentitud, como si le costase cada bocanada de aire que se llevaba a los pulmones. Las gotas de sudor comenzaron a agolparse en sus hombros y en el nacimiento de su pecho, así que decidí incorporarme con un movimiento rápido para examinarle mejor. Me quedé allí sentado, a tan solo dos palmos del calor que irradiaba su cuerpo. 


Me sorprendió ver lo mucho que cambiaba mi perspectiva cuando observaba al chico desde arriba. Ahora podía ver bien la expresión de su rostro. Tenía las cejas curvadas, fruncidas en una mueca extraña que hacía juego con el gesto de su boca. Parecía estar apretando los dientes con fuerza; rabia, sorpresa, anhelo, desde luego yo no sabía que podría estar pasando en su cabeza. Pese a todo, Yū conservaba ese aire de indiferencia y frío en las facciones, como si alguien se lo hubiera cincelado para siempre en aquel semblante que todavía no se había desprendido de la suavidad de las curvas redondeadas de la niñez. Las gotas de sudor le bajaban por las sienes mojando su pelo oscuro. Su melena, que apenas le llegaba a los hombros, caía totalmente lisa y estaba poblada de mechones desiguales que empezaban a crecer con ímpetu, pero a mí lo que más me gustaba, sin duda, era el color. Su color era la última tonalidad de negro que podía alcanzar la cromática en la genética humana, más oscuro que la más oscura de las sombras. A veces, cuando la luz se reflejaba en su cabello, el brillo engañaba la visión titilando en forma de reflejo azul. Muchas de las ocasiones en las que nos habíamos peleado había terminado con un par de morados más por haber distraído mi atención creyendo haber atisbado uno de esos destellos índigo.

En ese preciso instante, sentí un acuciante deseo tirar de mis entrañas con fuerza. Una apremiante necesidad por memorizar el tacto de aquellas hebras que mi compañero parecía haberle robado a la noche. Me dejé llevar por la impulsividad y estiré mi mano hacia la altura de su frente. Fue entonces cuando Yū estrujó la sábana, convirtiendo repentinamente sus manos en sendos puños que atrapaban una agonizante tela.

Después, todo sucedió muy deprisa. Sin darme tiempo a pensar, mi cuerpo se movió como accionado por un resorte, huyendo hacia mi lado de la cama con un solo movimiento acelerado. Logré escurrir las piernas bajo mi propia sábana y taparme a toda velocidad con ella, arrebujándome muy disimuladamente de espaldas a él sobre mi lecho. Cerré los ojos con fuerza, pero luego recordé que sería mejor relajarlos y aparentar que acababa de despertarme. Le oí susurrar algo entre dientes, y, bastante acobardado, comencé a hacer ver como que me desperezaba. Tampoco quería forzar demasiado mi interpretación, si me descubría sería malo. Se convencería equivocadamente de que era un acosador y entonces quizás tuviese que volver a dormir yo solo. No quería volver a dormir solo. Restregué los ojos con la mejor actuación que supe llevar a cabo y pronuncié las primeras palabras que se me vinieron a la mente.

-Te estabas moviendo mucho otra vez mientras dormías.

Por lo que podía espiar a través de los nudillos de mi mano casi podría haber jurado que le pillaba desprevenido. Sin embargo, fue totalmente al revés. Es decir, fue él quien me pilló desprevenido a mí. Absolutamente, además. Todos los músculos de mi rostro entraron en tensión.

-Lo siento. ¿Te he despertado?

Le miré a los ojos. No estaba enfadado, pero tenía una expresión que me resultaba muy extraña. Una expresión que le hacía parecer lo que era, un niño pequeño. Un niño pequeño de nueve años, como yo.


No pude evitarlo, dibujé la sonrisa más sincera de toda mi existencia.



______________________________
[Editado]


Anoche, a la intempestiva hora en que publiqué mi entrada, no tuve las fuerzas suficientes para comentar mis impresiones sobre lo escrito, así que, echando mano de la magnífica herramienta de edición, voy a hacerlo ahora.

Después de pasarme un buen rato buscando imágenes que renderizar en las páginas del manga original de D. Gray-man no pude evitar sentir la tentación de seguir leyendo hasta el capítulo 202 tirando del fansub de MangaStream. Y es que de pronto, mientras buscaba por entre las páginas, reviví toda la historia de Kanda que me metí este verano durante los días que pasé en casa de Nini. Fue muy duro resistirme a la tentación, más sabiendo que el equipo de MangaStream trabaja en inglés y que sus scans son de los mejores que hay a día de hoy en estos mundos del fansub, pero tiempo atrás ya decidí que quería disfrutar del manga en papel. Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para cerrar la pestañita de aquella página que me prometía adrenalina, emoción y una profusa hemorragia nasal a lo largo de los seis o siete capítulos que me quedaban por leer. Y triunfé, cerré la página y se acabaron las tentaciones malsanas. El problema, queridos y queridas amigas, es que había algo que se había quedado allí conmigo. Algo que quería salir, que quería saber, y que era lo suficientemente fuerte como para impulsarme a escribir. Y a ello me abandoné.

El verdadero empujón me llegó en forma de viñeta, la misma que podéis leer (de derecha a izquierda) al principio de esta entrada. La expresión avergonzada e indefensa de Kanda no tiene precio, así como tampoco lo tiene ese "lo siento", por muy formal que sea, que le dedica a Alma. Después de todo lo que he leído a lo largo de diecinueve tomos, de verdad que jamás pensé que la autora pusiera en su boca semejantes palabras, más teniendo en cuenta que lo que nos había mostrado de él de pequeño era una personalidad calcadita a la que tiene cuando es mayor. Por eso y porque no me hace mucha gracia modificar el argumento de las obras, pensé en ubicar mi narración entre la anterior viñeta, que nos muestra lo que Kanda está soñando (y que no diré para no hacer spoilers), y su súbito despertar en esta.

El peso de la narración recae sobre Alma, que es un niño pequeño con las aspiraciones y deseos de un niño de su edad. Después de lo que se ha mostrado sobre su carácter y personalidad de aquella época yo creo que me ha quedado algo bastante acertado, que no perfecto porque, obviamente, no fui yo quien concibió ese personaje.
En fin, creo que es un texto muy neutro y en el que no manipulo ni retuerzo la personalidad de nuestros chicos (no, esta vez no vais a necesitar hacer uso de la cuerda para colgarme sobre cualquier poste... ¿verdad?), y estoy bastante satisfecha con este "asomar la patita" por el mundo de los Fanfics. Hace muchísimo tiempo que quería iniciarme por estos lares, pero eso de ir dejándolo y dejándolo hace que las historias sobre las que pretendías escribir avancen y lo que tenías en mente dejase de valer. 

En fin, espero que hayáis disfrutado de la lectura, ya que mis perversas y retorcidas intenciones esta vez iban encaminadas hacia ese objetivo final.

24/10/10

Queer as Folk

ADVERTENCIA:
Artículo libre de spoilers.

Pocos serán los que sepan que, en algunas parte del norte de Inglaterra, existe una expresión dialectal tal que dice así:
"There's nought so queer as folk."
Y menos aún conocerán su significado. Por suerte, yo me encuentro entre los afortunados a los que el destino ha sonreído. Si tú, querido o querida lectora, también conoces su significado, enhorabuena. Sino... no te preocupes, ahora mismo lo comprenderás. Superficialmente, eso sí, porque tendrás que llegar a tus propias conclusiones sin contar con mi inestimable coacción ayuda.
 


"There's nought so queer as folk" viene a significar en nuestro idioma algo así como "No hay nada tan extraño como la gente". Sin embargo, el término "queer", en inglés, es una palabra polisémica. ¿Y a qué no adivináis qué otro significado tiene aparte de "extraño"? Premio, "maricón".
¿Lo habéis adivinado otra vez, verdad? Entre el título de mi entrada de hoy y esa expresión dialectal inglesa hay un juego de palabras. 
Pero... ¿por qué?



Porque Queer as Folk, señoras y señoras, aparte del nombre de mi entrada, es una serie estadounidense producida por Showtime y Temple Street Productions.

"Igual de maricón que el resto del mundo", "Igual de extraño que los demás", ese es, efectivamente, el juego de palabras entre el nombre de la serie y la expresión inglesa antes citada. ¿Y por qué os hablo hoy de ésta serie en particular? ¿Mejor aún, por qué no os hablo de alguna de las series de anime, de los propios mangas, que tanto me han marcado y que tanto me siguen gustando? ¿Por qué no de los títulos de videojuegos que guardo como oro en paño en mi estantería...?

Porque Queer as Folk cuenta una historia diferente. Ha roto el medidor de fuerza e impacto en un tema tan extraño como el que más. Queer as Folk aborda uno de los temas que, aún hoy en día, más siguen preocupando a ese señor de blanco (y otros tantos, por desgracia) que vive en el Vaticano: la HOMOSEXUALIDAD con mayúsculas.
Es una serie transgresora, agresiva, fuerte, extremadamente sexual y con críticas tan duras que serían capaces de rayar un diamante. Presenta la realidad de la vida de un grupo de personas homosexuales tal y como es, sin cortarse un pelo, relatando las peripecias de sus protagonistas en el transcurso de los días en un mundo tan normal como el nuestro.


A pesar de que me encantaría describir detalladamente el intrincado mundo de Queer as Folk ya me he comprometido a no hacer ningún tipo de spoiler, así que voy a limitarme a presentaros a sus ocho protagonistas. Y si alguno de los ilusos presentes esperaba que empezase con otro que no fuese Brian, siento cargarme sus expectativas. Una tiene sus prioridades muy claras.



Brian Kinney
Brian Kinney es el sexo de Pittsburgh, el sexo homosexual de Pittsburgh, y él lo sabe.
Tiene 29 años y es publicista, inteligente, rico y atractivo hasta la saciedad. Su autoestima sólo es superada por su descomunal ego y su elegante y nada disimulada forma de llevar su narcisismo. Vive para sí mismo y no le rinde cuentas a nadie: hace lo que quiere, cuando quiere y con quien quiere. Abusa del alcohol y las drogas, de las noches de fiesta y de los cuartos oscuros de las discotecas y las saunas, y siempre, siempre, llega al trabajo indemne, fresco como una lechuga y enfundado en sus mejores trajes de Armani. Con los hombres, él lleva el control; elige, folla y hasta la próxima, aunque nunca repite con el mismo. Prefiere la honestidad del sexo a la deshonestidad que tarde o temprano conllevan las relaciones y el amor.

Brian es uno de los personajes de mayor impacto en la serie. Ácido, arrogante y descarado, a quien no le importa escupirte su pensamiento en la cara, y quien por ello tiene una gran influencia sobre los demás. 
La repercusión de este personaje es tan fuerte y llega tan lejos que una servidora piensa que Brian es el único hombre sobre la faz de la tierra capaz de hacer desear a una mujer ser un hombre, ser gay, y ser el afortunado amante de Brian Kinney por una noche.




Michael Novotny
Michael Novotny es el mejor amigo de Brian. Se conocen desde la infancia y tienen una relación muy estrecha, tan estrecha que Michael no puede evitar sentir por él una ferviente admiración que, en ocasiones, desemboca en algo más, algo que tiene una chispa sexual muy poco propia de personas que se consideran el uno al otro como hermanos.
Michael tiene 29 años y trabaja en un supermercado, es un soñador y un gran amante de los cómics. Su héroe indiscutible es el Capitán Astro, aunque Brian Kinney siempre ha estado ahí para hacerle sombra gracias a una cualidad que vence a cualquier superpoder: su mera existencia.
Michael es ese chico que tiene cara de bueno, un amigo leal y un apoyo y defensa incondicionales. Tiene una sonrisa preciosa y un corazón muy grande. Frecuenta los bares y discotecas junto a Brian y a sus demás amigos.




Justin Taylor
Justin Taylor representa al adolescente cuya verdadera orientación sexual está a punto de despuntar y salir a la luz. Este joven de tan sólo 17 años florece explosivamente al colocarse por casualidad en el campo de visión de Brian Kinney; es entonces cuando descubre el significado del sexo y se deja llevar por la fantasía del amor. Justin es la lucha y la perseverancia, el no desfallecer, y es quien le da a la expresión "lucha por tus sueños" otro significado. Desde el primer momento en que es consciente de quien es y quién quiere llegar a ser, ni su homófobo padre, ni sus homófobos compañeros, ni el homófobo mundo en que, de repente, parece haberse convertido su vida, podrán pararle los pies. Porque cuando Justin comienza a madurar y a dar forma a sus ideas, ni siquiera Brian Kinney es capaz de detener el torbellino de esa determinación con la que cuentan los jóvenes.




Emmett Honecutt
Emmett Honeycutt nació siendo una diva, siempre prefirió la purpurina a los guantes de boxeo y no siente ningún tipo de remordimiento al admitirlo. Es el compañero de piso de Michael y trabaja en una tienda de ropa. Es extrovertido, valiente y cariñoso, una mezcla que da lugar a un carácter con acento único y diferente. En su armario no hay lugar para la discriminación de colores o cortes, y siempre luce unos modelitos atrevidos que forjan, aún más si cabe, su personalidad. Sin embargo, por muy negras que sean las circunstancias, todos saben que siempre podrán contar con su consejo y el de la tía Lula.




Ted Schmidt
Ted Schmidt es el mayor del grupo, un contable con una vida ordenada y un piso sobriamente decorado que es amante de la opera y de la pornografía. Es un hombre con muy poca autoestima que rara vez consigue ligar con alguien y que se deprime con facilidad. Envidia y desea a Brian en secreto (pero seámos sinceros, ¿quién no?). A pesar de su carácter derrotista, sus amigos siempre intentan animarle para que se atreva a dar el paso, arriesgar y ganar. Ted, sin embargo, intenta mantener lo que ya ha conseguido en su vida.






Lindsay Peterson y Melanie Marcus
Melanie y Lindsay son una pareja lesbiana estable. Melanie es abogada, es dura y fuerte y no aguanta a Brian. Lindsay es marchante de arte, adora pintar y tiene grandes dotes para ello, además de ser quien descubre en Justin a un verdadero artista en ciernes. Ambas son las madres de un preciosos bebé alumbrado por Lindsay, y por ello tienen que luchar día a día con la discriminación homófoba de quienes piensan que dos mujeres son incapaces de sacar adelante un niño. Forman parte de las amistades del grupo de chicos, a quienes se sienten muy unidas. Acostumbran a llevar una vida más ordenada, olvidando las fiestas y excesos de la despreocupada vida de solteras, ya que ahora un bebé depende de ellas.


Debbie Novotny
Debbie es la madre de Michael, una madre muy poco al uso. Es una mujer fuerte, con una mente extremadamente abierta y tolerante, mucho humor y mucha mala leche cuando se requiere. Debbie ve en los amigos de Michael una gran familia de la que cuidar y siente un apego muy especial por todos. Es la única persona capaz de coger por las orejas a Brian y hacerle reflexionar, y la camarera más dicharachera del Dinner. En su casa siempre hay espacio para quien lo necesite, un gran plato de macarrones con atún, y, por supuesto, condones.




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Sí, indudablemente es una serie que no podéis dejar de ver. Romperá con vuestra visión del mundo hasta el momento. Queer as Folk es una serie que me gustaría recomendarle a todas y cada una de las personas que conozco y que conoceré en el futuro, porque nos acerca de una manera muy humana al mundo de la homosexualidad, tan desconocido para la mayoría, a través de unos personajes muy atrevidos y que, por muy estereotipados que parezcan al primer vistazo, romperán con vuestros esquemas de una u otra forma.


Pero no os fiéis de mi palabra. Comprobadlo por vosotros mismos.

Queer as Folk online


¡Ahí queda!


21/9/10

A Hard Daynight (II)

-ATENCIÓN, las líneas a continuación escritas contienen YAOI-



Hacía tiempo que las ojeras de su rostro se habían acentuado notablemente. Al comenzar la noche sólo eran unas finas líneas grisáceas casi imperceptibles. Ahora, en los últimos minutos de negrura extrema que le quedaban a la noche, aquellas finas líneas habían pasado a convertirse en pequeños surcos. Sus ojos azules estaban cansados, y el color oscuro de esos iris rozaba mi pupila, examinando mi rostro tal como yo estaba haciendo con el suyo. Se le sombreaban las ojeras al hacer contraste con las sábanas claras de la cama.
Las luces de los faros de los coches iluminaban la habitación débilmente de cuando en cuando a través de las cortinas. En aquel momento pasó uno, revelándonos más detalles al uno del otro. El aúreo pelo de Iñigo estaba desordenado y parecía una gran madeja dorada y caótica. Hebras pálidas sobre la almohada que parecían estar reposando a la espera de la mano experta de alguna Penélope que creara un glorioso tapíz. Pero en esa habitación sólo estaba yo. Y mis manos expertas, que ahora temblaban de impaciencia por desempeñar la tarea cuanto antes. Iñigo parpadeó, el momento pasó y la luz del faro desapareció junto con el coche y el ruido de su motor.

El chico callado soportaba mi peso contra su cuerpo sin romper su habitual costumbre silenciosa. Estaba sentado a horcajadas sobre él, apoyándome a la altura de sus caderas sobre mis rodillas, que daban en el colchón, y el nacimiento de sus piernas. Su piel estaba tibia y sus músculos apretados, como globos a punto de reventar. Cuántas veces habría observado sus manos en movimiento, programando, y me habría maravillado. Sus dedos eran largos, ágiles y ligeramente ásperos. Ahora, recorrían el perfil de mis muslos con suavidad, de arriba a abajo, como guiados por los golpes de un metrónomo. Siempre pensé que el secreto estaba en pensar el algoritmo antes de ponerte a programar. Estaba equivocado. Las manos de Iñigo podrían pensar el algoritmo por él y escribirlo siguiendo la secuencia.

El desgarbado cuerpo de mi compañero se incorporó con rapidez, atendiendo al deseo de su propietario y dejándose llevar por un caprichoso impulso momentáneo. Me escurrí hasta dar con el colchón, pero dejé mis piernas bien enredadas en su cintura. Los ojos de Iñigo me observaron con una mirada que no supe descifrar. Contempló mi rostro, mi cuello, mi torso y la parte de mi cuerpo que aún estaba pegada contra el suyo. Pensé, durante un fatídico segundo, que aquello no le convencía. Después, con el corazón todavía rebotando dolorosamente contra mis costillas, sentí sus dientes abriéndose contra mis labios. Me besó con una pasión contenida que sólo había alcanzado a vislumbrar en los efímeros momentos en que se animaba a compartir sus pensamientos con alguien. La expresión desafiante de mis ojos se relajó contra los párpados que se cerraban. Sus manos apretaron mi espalda.

Los labios semiabiertos, los ojos cerrados y los mechones desordenados de pelo rubio sobre su nariz, dibujados como un perfil a contraluz, crearon una imagen que aún hoy conservo grabada a fuego en mis retinas. Una voz rasgada, tan poco propia de él, rompió el silencio.

-Otra vez.

Las comisuras de mi boca dejaron al descubierto mi sonrisa involuntaria. La noche se acababa. Hacía tiempo que los jardines estaban desiertos y que Ana y los demás se habían ido a dormir a sus casas. Nosotros seguíamos despiertos. Y sus ojeras comenzaban a teñirse de un rubor violáceo fruto de su cansancio extremo.

La última, pensé. La última, lo prometo.

Dos días después, cuando la semana volvió a repetir el día que le dedicaba a la luna, Iñigo se durmió en clase. Nunca acerté a adivinar si fue porque él también quiso rendir tributo al satélite, o porque perdió demasiadas horas de sueño en aquel fin de semana de empalmadas. Quizás, por sus sonoros ronquidos que el rasgar de mi lápiz no disimulaba, podría inclinarme por la segunda opción.




____________

Y hasta aquí he llegado, ahora sí que sí. No pensaba haberlo continuado, porque realmente todo era echarle imaginación y seguir las preferencias de vuestra mente... pero ya que me lo mencionasteis, me animé a pensar que ocurriría si en mis manos estuviese (que, de hecho, lo estaba) el destino de ambos personajes. Ahora ya podéis sacaros los ojos o morderos las uñas por un final tan soft, pero, definitivamente, esto ha terminado y no iba a ponerle punto y final con un lemmon (¿que qué es un lemmon? consultadlo aquí). Aún así, me gusta el resultado. Es la primera vez que continúo y doy por cerrado algo, aunque haya sido tan cortito. Me siento satisfecha conmigo misma.

Por cierto, aunque no lo haya mencionado, el nombre del prota es Aitor.

Buenas noches :)

18/9/10

A Hard Daynight

Hoy, mientras esperaba en el descanso entre clase y clase a que empezase la aburrida asignatura de Física (y más después de haber sido testigo de las manitas que tiene mi profesor de programación con el ordenador de la sala magistral...), estaba mirando páginas nada recomendables para cualquier ser humano culto que se precie (no me culpeis a mí, culpad a las malas influencias encarnadas en forma de amigas universitarias). Páginas de chorradas graciosas que se cuelgan en la red, y que, una vez has leído mil, ya tienes la regla para medir todas las demás. Sin embargo, ahí estábamos las tres, leyendo anécdotas como tres bobas intentando no pensar en la fatídica clase de hora y media que se nos venía encima en tan sólo unos minutos. Joder, chaval, quién pensaría que leyendo una puta frase me viniera de repente la inspiración. Ha sido una simple y miserable frase, sin gracia y sin nada, pero se me ha iluminado la bombilla. Y en cuanto he llegado a casa y me he relajado, me he puesto a escribirla. Al final... éste ha sido el resultado.




Era una noche oscura, sin estrellas, pero con una farolas tan brillantes que me hacían pensar que caminar de noche era incluso más seguro que caminar de día bajo la luz del astro rey. Estaba solo, sacando dinero de un cajero automático y no sentía el habitual nerviosismo ante la posibilidad de un atraco a aquellas intempestivas horas de riesgo.
La calle estaba atestada de gente, de jóvenes como nosotros que habían salido a divertirse mientras durase el dominio de la madre luna. Se respiraba un ambiente inmejorable, como si todos nosotros nos hubiésemos puesto de acuerdo y firmado un alto el fuego temporal. Mientras recogía el dinero, un par de chicas de grandes sonrisas me saludaron como quien saluda a un camarada, a alguien que no conoces de nada pero que lucha a tu lado. Les devolví mi mejor sonrisa y me largué de allí rapidamente.

No me malintrepretéis, si me marché tan deprisa fue por una buena razón. Una muy buena razón que tenía nombre y apellidos, y que, además, me esperaba sentado sobre el césped en el que nos habíamos sentado a beber y pasar la noche.
En mi apasionado intento por robarle unos segundos más a ese espacio de tiempo en que nuestras vidas convergían, casi me tropecé dos veces corriendo por las aceras de Madrid. Sentí el aire descolocarme el pelo, las suelas de las zapatillas duras contra mis pies y el pecho tan hinchado que, una vez más, volví a sentir la inmensa satisfacción de poder ser yo mismo, y de saber que seguiría siéndolo durante mucho tiempo más. Tanto como durase mi vida.

Después de una revitalizadora carrera, por fin llegué hasta los jardines desde donde podía ver al humilde grupito que formábamos entre todos. Todos universitarios, levantados hasta las tantas, bebiendo los sabores que queríamos paladear y charlando de cosas tan variadas como disparatadas. Tan sólo él y yo compartíamos carreras, los demás abarcaban tantas ramas del saber como deseos hay en el corazón humano. Un sociólogo, una matemática, un psicólogo, una química y dos informáticos. Numeros pares, sobre los que Ana, Iñigo y yo bromeábamos. Pasar las noches junto a ellos era genial.

El pelo de Iñigo se oscurecía al amparo de las grandes sombras que proyectaban los árboles. Era rubio, con una pequeña melena que le tapaba las orejas y que siempre estaba como si acabara de salir de arreglarse. Tenía el cabello lacio y suave, con un poco de volumen y mechones que al brillar parecían hilo dorado. Sus silencios eran enigmáticos, como salidos de un mundo paralelo en el que podrías comunicarte con los demás sin necesidad de intercambiar una sola palabra. Iñigo era así, capaz de revelar mucha más información estando callado que con cuatro frases aleatorias que versaran sobre un tema concreto. Sin embargo, oírle hablar también era una delicia.
El estrecho vaquero que se ceñía sobre la parte inferior de su cuerpo, sus zapatillas negras de lengüeta caída y aquella camiseta roja con la famosa frase estampada, a pesar de ser simples componentes de su configuración física, me atraían enormemente. La hierba que estaba a su lado invitaba a tumbarse, su vaso a beber sin reparos, y sus labios a escuchar una y otra, y otra vez lo que quiera que saliese, o no, de ellos. En ese momento conversaba con Ana, cubata en mano, sobre puertas lógicas y circuitos. A ella le apasionaba, aunque su gran amor siempre serían las matemáticas puras. Yo estaba maravillado con su discurso, porque su cerebro parecía ser más bien un estupendo tamíz en el que sólo se recogían y almacenaban las pepitas de oro que se camuflaban entre toda la arena que transportaba la corriente. Estaba tan absorto en su disertación que me olvidé de la enfermiza obsesión que llevaba instalada en mi cabeza todo lo que llevábamos de noche.

Iñigo me gustaba de una manera que no podría describir jamás con mi limitado vocabulario. No era amor romántico, no era el tipo de amor que le profesas a una amistad o pariente. No era obsesión o fanatismo, ni creencia o fe. No era admiración; iba mucho más lejos, abarcaba mucho más territorio. Puede que fuese una mezlca de todo y mucho más, o puede que no fuese nada de nada, nada de lo que yo pudiese describir hoy por hoy. Era el sentimiento de haberse enamorado de una forma de pensar y de enfrentar la vida. Estar de acuerdo, querer aprender, empaparse en sus ideas y sentir como van dando forma a todos aquellos cabos sueltos que dejaste porque todavía no sabías cómo definirlos.
No era homosexual y sí lo era, porque Iñigo era un hombre y yo también lo era. Y yo me había enamorado de él y a la vez no lo había hecho. Y no estaba confuso, porque mi cabeza estaba muy bien amueblada y entendía perfectamente la conclusión lógica de mi pensamiento. Me sentía pletórico. Alegre. Vivo.

Nuria, Alejandro y Sergio soltaron una gran carcajada desde el otro lado del círculo. Ana dirigió su mirada hacia su mejor amiga y pidió que repitieran el chiste. Se arrastró sobre la hierba y se sentó en el regazo de Alejandro. Iñigo también se arrastró hacia mi lado, rellenando el hueco que había dejado nuestra amiga, y la tela de su pantalón se deslizó sobre la hierba mojada hasta que su pierna chocó contra mi rodilla. En ese momento, me obsequió con una de esas frases que dedicaba exclusivamente a un único usuario.

-Llevas toda la noche muy tranquilo.

No sé por qué lo hice, sólo sé que fue un impulso irrefrenable. O quizás es que su forma de enfrentarse a la vida estaba empezando a calar hondo en mí. El caso es que no supe expresar de otro modo la forma tan extrema que habían adoptado mis sentimientos. Aquella me pareció una excelente comparación cuando la pensé, dos segundos antes de darle paso de forma sonora a través de mi garganta.

-Quizás parezca estar tranquilo, pero en mi cabeza ya te he follado tres veces.

Iñigo se envaró, todos los músculos que estaban en contacto conmigo entraron en tensión. Miró al cielo, esbozó un amago de sonrisa y volvió a la rutina de enigmáticos silencios.

18/5/10

Galería Cosplays

Definitivamente no tengo fuerzas para hacer una entrada relatando nuestras peripecias por el expomanga. No sé por qué, pero de repente me ha dado por aborrecer todo lo que escribo respecto a estos temas... simplemente es superior a mis fuerzas. Creo que estoy pasando por una de esas fases horribles en las que me cabreo con algo en concreto y decido mantenerlo lo más alejado posible de mí (ya me pasó con Shinichi allá por la segunda temporada).
Sin embargo, esto no significa que no vaya a colgar las fotos que nos hicimos aquellos días. Después de un par de meses de trabajo cosplayero, intoxicaciones por inhalar pintura y restos del polvillo que suelta la madera... si no las colgase deberíais colgarme vosotros a mí.


Primer día: LaviKanda


El sábado fue el día grande, el día en que el Pabellón de la Pipa se llena a rebosar de cosplayers, otakus, aficionados y curiosos que acuden a la llamada del mayor evento del manganime que se celebra una vez al año en Madrid. En esta ocasión, decidimos cosplayarnos (bueno, más bien crossplayarnos) de estos dos personajes del manga D. Gray-man:

(Y como las descripciones de la wikipedia en español son una shit, os pongo las descripciones en un inglés extraordinariamente sencillo)

-Kanda Yū (神田 ユウ)
Yu Kanda is a cold 18-year-old Exorcist from Japan. He is the first Exorcist that Allen meets at the Black Order headquarters; since then, they have an ongoing rivalry toward each other which often causes them to throw insults and offensive statements towards each other. He is a disciple of General Tiedoll and hates the fatherly way the man treats him. Also, he can recover much more quickly than ordinary humans due to a mysterious tattoo above his heart. Kanda refuses to die until he finds "a certain person".

-Lavi (ラビ)
Lavi is a cheerful 18-year old, red-haired Exorcist of mixed race. He aims to become a Bookman, a person who records the hidden history of the world and has been trained from a young age to achieve that goal.Lavi is the 49th alias he assumed after casting away his real name to reach it. He works along the Black Order just to be close to the events that must be seen, and slowly becomes more attached to his Black Order friends and his original Bookman self is constantly being clouded by his growing care. His anti-akuma weapon, simply named Tettsui (鉄槌, Iron Hammer?) and referred to as Ōzuchi Kozuchi (大槌小槌, Big Hammer, Little Hammer?), is capable of growing and extending to undefined sizes and lengths. Although this affects its weight, it does not affect Lavi. The weapon allows him to use "seals" that control several elements in nature.

Fuente: List of D. Gray-man Characters (Wikipedia)

Después de sopesar muchas cosas y darle unas cuantas vueltas al asunto de los Outfits de los personajes, decidimos que íbamos a currarnos el tercer uniforme, que es el más masmolón que han llevado hasta la fecha. Claro, eso nos acarreó otro tipo de problemas... porque en algún momento, cuando quedan atrapados en el arca, tanto Lavi como Kanda pierden sus armas y luego Komui se las restaura... ¡pero les da otra forma distinta! (y sinceramente, a mí me gustaba mucho más la Mugen original que la Katana que le han plantado ahora). Pero bueno, el caso es que hasta eso lo pudimos solucionar. A continuación, el resultado:



Después de mucho buscar por las muchas imágenes que tengo de este expomanga... me he dado cuenta, con gran pesar, de que no tengo ni una foto bonita en la que salgamos Niwa y yo como buenos Lavi&Kanda. Las pocas que tenemos han salido desenfocadas, movidas, o con una extraña capa de polvo (wtf?!) que debió de ser de aquel momento de desesperación en que pensé que me había vuelto a cargar mi móvil nuevo. Pero esta primera es una foto de grupo y me gusta bastante.
De izquierda a derecha: Kanda, Miranda, Lenalee, Johnny, Komui, Reever, Lavi y el General Tiedoll.



Seguramente os estéis preguntando por qué Kanda le está gritando a Lavi que se cambie de sitio (aunque... que Kanda hable a gritos entra dentro de su comportamiento normal). Pues si os soy sincera esta foto representa el 'Making of' de nuestra photoshot de aquel primer día. Nadie parecía saber dónde colocarse, qué pose hacer, cómo coger la cámara... así que tuve que sacar la mala leche que tengo escondida por ahí para poner un poquito de orden. Es decir, todo el mundo andaba partiéndose de risa (me incluyo) y entre carcajada y carcajada no lográbamos ponernos de acuerdo. Así que esta es la representación de aquellos, a pesar de todo, buenos momentos en los que nos daban ataques de risa cuando debíamos poner el semblante en blanco, reñíamos por ver quien se tenía que meter en el agujero o luchábamos contra la valla de hojas carnívoras sobre la que teníamos que apoyarnos.


Aquí, finalmente desarmé a Niwa y la amenacé con mi espada (El ego crece... y crece...)


Bien, es hora de hacer una pausa e introducir a un nuevo personaje. Recién salida de la serie de Bleach... (redoble de tambores)



Kusajishi Yachiru (草鹿 八千流)
Yachiru tiene apariencia de niña en muchos sentidos; es pequeña, enérgica, alegre y descuidada. A menudo se le ve en el hombro izquierdo de su capitán Kenpachi, colgando en su espalda. A pesar de su apariencia de niña, Yachiru parece ser bastante fuerte, al ser la teniente de la división de combate dentro de la Sociedad de Almas. Es lo suficientemente fuerte para levantar a Kenpachi y saltar entre edificios mientras lo carga. Yachiru también es increíblemente rápida a pesar de su tamaño, así como es capaz de emitir una gran cantidad de reiatsu, especialmente cuando está molesta.


-¿Últimas palabras?
-... Haz lo que tengas que hacer.

En fin, digamos que Kanda tenía el día agresivo. Pero eso también tiene su lado bueno... sobre todo cuando es Lavi quien comparte cama con él por las noches (es demostrable, lo prometo). La dulce Yachiru no pudo resistirse a su acercamiento y terminó con la soga al cuello. Eso sí, muy digna ella. Me gusta un montón la expresión desafiante de Reika.


Je, je. Cómo se aprovechan algunos...

A petición de algunos de nuestros más bajos instintos, Niwa y yo aprovechamos que íbamos crossplayadas de un par de hombretones (este adjetivo, no sé porqué, me hace pensar en Shinichi y Natsuki haciendo guarrerías) para dedicar buena parte de la Photoshot a una de nuestros hobbys favoritos: el yaoi.
Los nervios, la incapacidad de mantener una mirada de Seme acosador (manda huevos... el intimidador intimidado) y muchos otros problemas más, terminaron por conseguir que la mayoría de imágenes de nuestra parejita yaoi LaviKanda pareciesen dos tontas sangranarices demasiado emocionadas como para hacer una pose en condiciones. Pero bueno, al final hicimos una cuyo resultado me encantó:


¿Cuántas cosas se pueden hacer contra una pared acolchada por una suave cama de hojas tiernas y verdes? ¿Dónde está la otra mano de Kanda? ¿Por qué Lavi no se resiste al embite del chico?
Esa y otras muchas incógnitas tendréis que averiguarlas vosotros mismos usando la imaginación.

Segundo día: LaviRoxas



Roxas, "La Llave del Destino" (『めぐりあう鍵』ロクサス Meguriau Kagi, Rokusasu)
Es el último miembro de la Organización XIII, así como el más joven y el último en unirse. Es el incorpóreo de Sora, de quien deriva su nombre (anagrama: Sora + X). Su elemento es la luz, y posee dos llaves-espada.

Este segundo día, en el cual se entraba gratis automáticamente sólo por llevar disfraz, cambiamos un poco nuestros cosplays. Aunque me hubiese gustado lucir un poquito más el de Kanda, he de decir que soy toda una veterana de las llaves espada y volver a meterme en la piel de Roxas me resulta extremadamente agradable. Así que el domingo estuve paseando por allí con mi capa de Organización XIII y con mis dos Keyblades. Niwa, por su parte, volvió a enfundarse el uniforme de exorcista y a cargar con el gigantesco martillo. Desgraciadamente, la peluca roja no sobrevivió al día tan movidito que habíamos tenido el sábado. Un minuto de silencio por ella... Ya está, tampoco os paséis.

Bueno, de esta sesión fotográfica si tengo material suficiente como para dejar volar mi imaginación, así que os invito a seguir leyendo, que es ahora cuando la cosa se pone interesante.



El sol no brillaba con fuerza aquella tarde de principios de mayo. Las nubes ocultaban al astro rey lo que acontecía en la superficie terrestre. Y es que en ese preciso instante, dos jóvenes se batían en duelo. Era un choque inevitable, aquella historia necesitaba un desenlace. Fuego contra Luz. Un combate que llevaba demasiado tiempo esperando ser librado. Tamañas fuerzas necesitaban volver a ser desatadas; guiaban la diestra del rubio y la zurda del moreno.
Ambos se prepararon. Los guantes del incorpóreo se ciñeron a sus manos cuando éste afianzó el agarre de sus dos armas. El aprendiz de Bookman estrechó sus dedos alrededor de la empuñadura del martillo.


Nadie supo a ciencia cierta quién comenzó aquella pelea o cuánto duró el intercambio de golpes entre ambos contrincantes. El rubio marcaba una secuencia de combos con ambas manos, descargando una y otra vez las dos llaves espadas mientras su cuerpo se retorcía en una serie de movimientos ensayados con anterioridad. El moreno defendía sin piedad su posición, interponiéndo su arma con agilidad a cada nuevo embite de aquellas extrañas espadas. Los sellos del Bookman Jr. activaron el poder del fuego y su portador quedó rodeado por una abrasadora cortina de llamas, que fueron liberadas a golpe de martillo. El joven miembro número XIII retrocedió demasiado tarde. El fuego le alcanzó. Sus armas volaron en direcciones diferentes y se clavaron en la tierra con un duro clack.

Tambaleándose, malherido, el menor de los dos apenas lograba aguantarse en pie. En ese momento, su rival aprovechó para provocar un enfrentamiento directo. Arrojó su martillo y en dos zancadas se plantó frente al últitmo incorpóreo de la organización XIII. Sus manos asieron el cuello del abrigo del rubio, quien, desde dentro de su capucha, le lanzaba una mirada orgullosa y desafiante, como si fuera él el que tuviera la posición ventajosa en aquella situación. Las manos se convirtieron en puños que arrastraron a Roxas a centímetros de Lavi.

La mirada se intensificó. La luz y el fuego brillaban con una pasión desconocida hasta el momento. Ambos elementos se sintieron irremediablemente atraídos por el resplandor que emitía su archienemigo. Encarnarse en un cuerpo humano no había sido una buena elección. Aquellos dos jóvenes sentían, su corazón latía con una fuerza que no se correspondía a los esfuerzos de la batalla. Su sangre gemía, el roce que los unía encendía su instinto.

El choque fue inevitable. El mayor empujó su boca contra el indefenso rubio, quien, apenas sintió los tibios labios del exorcista, insufló adrenalina de manera descontrolada por todo su cuerpo. Sus bocas se entrelazaron, sus lenguas se encontraron, desesperadas, a medio camino. Los brazos del rubio estrecharon con fuerza la cintura de su enemigo y le atrajeron hacia su propio cuerpo. La respiración de ambos se aceleró, gruñidos y jadeos reclabaman la existencia del otro para sí. Aquella batalla, inexplicablemente, se saldó con amor.


...

...

...

Eh, volved a la realidad. ¿Ya? Vale, pues continúo.

Yo ya avisé que esta actualización, si alguna vez llegaba a realizarla, sería de lo más extraño que os hubierais echado en cara alguna vez. Y amén que así ha sido. Pero bueno, pese a todo espero que os haya merecido la pena leerla hasta el final, porque es una de las entradas más largas que he debido hacer en el blog. Lo que importa es que os hayais echado unas risas y hayais babeado a gusto con las fotos que salieron de las dos photoshot improvisadas que hicimos. Y yo, por el momento, creo que me voy a retirar a mis aposentos antes de que se me caigan los dedos.

nasnoches~
<3>

9/5/10

Defying Gravity


It's time to try defying gravity.
I think I'll try defying gravity.
Kiss me goodbye, I'm defying gravity!
... and you won't bring me down.

Es hora de intentar desafiar la gravedad.
Creo que voy a intentarlo de verdad, voy a desafiar la gravedad.
Dame un beso de despedida, ¡ya la estoy desafiando!
... y no me hará caer.


Hoy me apetece hablar de yaoi. Así que espero que mis claras intenciones os disuadan de retirar la vista si es que no sois partidarias de parejas chicoxchico o si simplemente sois unos pobres homófobos incomprendidos. Que esto sirva de SPOILER. He dicho.

Para todo hay un por qué, y que haya elegido precisamente este pequeño fragmento de canción para encabezar la entrada también lo tiene. Si no se os da bien el inglés podéis guiaros con la traducción que he dejado abajo (que es mía, y por lo tanto... eh... una interpretación muy libre), pero como siempre recomiendo la original para no perder los matices intraducibles que tiene cada idioma.



Bueno, después de haber jugado KH2 y KH 358/2 Days estoy en condiciones de afirmar que entre Axel y Roxas hay un lazo mucho más fuerte de lo que me imaginaba. No me voy a meter a dar detalles sobre las muchas pruebas que me hacen pensar que sienten realmente el uno por el otro, porque cada cual observa la realidad desde su propia perspectiva. En su lugar, voy a pediros que recordeis la famosa escena que tiene lugar en The World That Never Was, aquella en la que Roxas decide definitivamente desertar de la organización e ir a patear unos cuantos culos en busca de... una respuesta. Aquella en la que, finalmente, Axel se permite admitir en voz alta su debilidad por él. Lo mucho que le echará de menos si se va.

Bien, pues he ahí el porqué. He ahí mi razón. ¿Nunca os habéis parado a pensar en lo mucho que nos cuesta darnos cuenta de lo que sentimos hacia alguien? ¿Qué ocurriría si, además, cuando fueses consciente de esos sentimientos resulta que quien los provocara fuese una persona de tu mismo sexo?
Axel me parece un personaje muy valiente. Dejando a un lado que todo sean paranoias mías, si realmente estuviera enamorado de Roxas, ¿no habría sido ese un buen primer paso? admitirlo en voz alta, confirmárselo a sí mismo, aunque fuese a través de un susurro. Podría hacer un montón de bonitas comparaciones para ilustrar ese momento, pero de todas ellas me quedo con la de desafiar la gravedad.




Hoy en día se le quita mucho hierro al asunto... pero me he dado cuenta de lo difícil que debe ser para una persona darse cuenta de que quiere a alguien de su mismo sexo. Después de lo mucho que se ha condenado, tachado de antinatural, perseguido y "demonizado", no me extraña nada que haya quien lo reprima o se lo intente negar.
Creo sinceramente que ya es hora de dejar las cosas claras y tirar por tierra argumentaciones absurdas. Los seres humanos somos parte de la fauna de la naturaleza, somos seres naturales. Y como tales, todas nuestras acciones y pensamientos, en última instancia, también lo son. Todo pertenece a mamá naturaleza, desde el pensamiento que nos arranca una sonrisa hasta el pensamiento que nos empuja a cometer una atrocidad. Entonces, ¿por qué llamar antinatural a un acto humano? Obviamente, muchas veces empleamos ese adjetivo como una simple metáfora, pero de tanto usar este recurso hemos terminado por creer que determinadas acciones se salen fuera de los límites humanos. Cuánta razón... debe ser que el Mal (encabezado por nuestro querido amigo el Diablo) ha conseguido crear una nueva raza de super humanos (nótese la ironía, por favor).
Joder, es que yo estaría dispuesta a admitir que hay acciones que no se pueden considerar "humanas"... acciones deleznables que perjudican y corrompen a las personas. Pero me parece absurdo condenar, perseguir y matar a alguien sólo por amar a otro alguien. ¿Tanto condiciona lo que tengas entre las piernas? ¿Toda nuestra vida está construida en torno a una base de género? No, la respuesta es no.
Las personas amamos a las personas. No amamos a los delfines, a los patos, a las hojas de los árboles o las cajas de zapatos.

Así que... que quede claro. Yo, antes que mujer, soy un ser humano. Soy persona.

¡Ja!

11/9/09

Axel&Roxas

WARNING! This post contains information, links, images or videos of YAOI explicit material and SPOILERS.

(Venga, que soy buena y lo pongo también en español)

¡ADVERTENCIA! Este post contiene información, links, imágenes y/o videos con material explícito de tipo YAOI, y SPOILERS.

(Vamos, que si no os gusta el CHICO X CHICO... sería sano que retrocediérais ahora que aún estais a tiempo)





Supongo que todos a estas alturas sabreis (por esa ingente cantidad de post que hice en un periodo tan corto de tiempo) de mi total entrega como fangirl a la serie de videojuegos Kingdom Hearts. Personajes, escenarios, trama, jefes, npcs... y un largo, largo etcétera.
Pueees... al igual que eso de mezclar pastillas y alcohol con una medicación fuerte puede resultar una bomba para el organismo, mezclar DOS de mis adicciones favoritas puede ser incluso peor. ¿Cuáles, decis? Está claro: KH y el Yaoi.
Antes de que alguien se me lance al cuello por declararme ferviente e incondicional fan de parejas yaoi, he de decir en mi favor que yo no tuve la culpa de entrar en este mundillo.
...
Bueno, vale. La tuve porque en el fondo soy una super perver y eso, pero quien me dio el empujoncito fue la ya de sobra conocida Niwa (¡A la hoguera con ella!) con sus extraños gustos sobre guardar cadáveres detrás de las puertas (Juro que algún día haré un post sobre eso xD) y ver, leer u oír relatos, series o mangas acerca de tiernas parejitas de nenes arrejuntándose.


En esta ocasión me gustaría hablaros de dos personajillos que me han cautivado en esta segunda entrega del Kingdom Hearts: Axel y Roxas. Sé que en realidad los diseñadores del juego son unas respetables personas de bien que lo único que quisieron reflejar fue el férreo lazo de amistad que puede mantener unidos dos corazones (qué ironía, hablar de corazones e incorpóreos a la vez), pero es que... después de esas cuatro frasecillas que cualquier mente depravada puede malinterpretar... una piensa que hacen tan buena pareja...
Además, por alguna razón que no alcanzo a entender (o tal vez sí) odio a Naminé. No la trago y no me gusta que la emparejen con Roxas por todo ese rollo de que son los incorpóreos de Sora y Kairi y blablabla...
Pero en fin, no nos desviemos del tema.

La primera vez que encendí la Play para jugar a esta entrega, me vi manejando a un rubito taciturno y reservado, que parecía haber perdido parte de sus recuerdos, en lugar de al inconfundible Sora. He de decir que al principio el cambio no me agradó demasiado (estaba impaciente por saber dónde estaba ese adorable crío del KH I que prometió rescatar a sus amigos), pero ahora que estoy pateando los culos de la Organización XIII no hago más que desear poder volver a manejarle. ¿Qué habrá sido de él? Naminé le prometió que no desaparecería, pero cualquiera se fía de esa...

El problema, sin embargo, se presentó cuando aún manejaba a mi querido Roxy... un problema que tenía forma de miembro de la Organización XIII. Con su capa negra, pelo rojizo y marcas bajo los ojos, Axel apareció en mi vida con una voz muy sexy para ser doblaje español.
¿Y qué quería este personaje que le resultaba tan problemático al pobre Roxas? Pues es obvio que a él.


Yo, sinceramente, comprendo totalmente a Axel. El chico busca desesperadamente a su amigo, incapaz de creer que ya no tenga recuerdos sobre la Organización (y, por lo tanto, sobre él mismo), y, cuando le encuentra en Villa Crepúsculo, se lleva un tremendo chasco al ver que no se acuerda de nada de lo que vivieron juntos. En ese momento, a través de cinco días en la vida de Roxas, empezamos a ver retazos de su pasado como miembro de la Organización XIII y su posterior deserción. Y, por supuesto, esa entrañable escena del "I would" en la que Axel le dice que él si le echaría de menos si desapareciese.
Pero no todo podía ser de color de rosa...


Al final del último día, justo antes de que me devuelvan al pequeño (¡ya no tan pequeño!) Sora, Axel se cabrea de verdad al ver que Roxas ha intentado engañarle. Y es que es cierto: ¿cómo se le ocurre la fantástica idea de llamarle por su nombre (que es lo único que se le había quedado después de un par de encuentros) e intentar engañarle diciendo que le había recordado? Yo también me cabrearía...
Total, que gracias a esto Axelito saca sus panderetas diabólicas y envuelve a Roxy en un círculo de fuego para petárselo (mentes malpensadas, malpensad), pero como aquí está una super pr0 al mando (Jojojo) pues al final es Roxy quien le da cañita a Axel.
Y así termina el corto control de este rubito en el juego.

La verdad es que no sé cómo ni por qué empezó a gustarme esta pareja, o cuándo comencé a considerarla en mi mente como tal, pero creo que su historia, con o sin tintes románticos, es de esas que te hacen derramar la lagrimilla.
La escena en la que finalmente muere Axel, después de haberse cargado a ese ejército de incorpóreos en el límite entre oscuridad y luz, es lo que hace despertar a Roxas y encararse con Sora en The World That Never Was (el nombre original le da mil vueltas a la traducción), y es uno de los vídeos más tristes del juego.
Yo, en el fondo, creo que los miembros de la Organización XIII son sólo unas víctimas más. Conchas vacías, cuerpos carentes de corazón que recuerdan vagamente lo que era sentir y que por ello quieren volver a estar completos. ¿Se les puede culpar por eso? ¿En serio? Si yo fuera un incorpóreo también haría lo que fuese por recuperar mi corazón. Y si tuviera a alguien que me hiciese sentir como si ya lo hubiera recuperado también haría lo que fuera por conservarlo a mi lado.
Triste y trágico final para Axelito, que hizo de todo con tal de traer de vuelta los recuerdos de Roxas: saltarse las órdenes, secuestrar a Kairi, desertar, seguir a Sora y dárselas con queso a los miembros de la Organización que le estaba persiguiendo. Pero ya sabemos que la vida es injusta.
Una pena.

Ahora que ya he terminado el juego, he visto el vídeo final, he pataleado al ver que no se podía volver a controlar a Roxas y, en definitiva, he completado el objetivo básico de todo jugador... gozo de la presencia continua de un Riku bastante mayorcito en mi grupo para finalizarlo todo de nuevo, esta vez al 100%. Una ardua tarea, sí, pero con un poco de tiempo y paciencia lo conseguiré.
Así que debería ponerme manos a la obra, teniendo en cuenta que es fin de semana y de ahora en adelante mis fines de semana serán de tres días (bwajaja), en lo que consigo un nuevo juego/manga/libro/serie... ¡COSA! con lo que entretenerme.
Me despido, pero no sin antes dejaros con un regalito amantes del yaoi, fangirls&fanboys de esta pareja y demás. ¡Espero que os guste!



¡Ohhh! ¡Que se sonroja el rubito!


Ahora sí.
Que tengais dulces sueños.