18/6/11

Smile for me



Esa sonrisa. Esa sonrisa que se te derrama por el rostro, con los ojos cerrados. Esa sonrisa que dice "yo me encargo". Santo cielo, por esa sonrisa yo podría hacer que esta bola que llamamos mundo girara corriendo a toda velocidad.
No me malinterpretéis, no soy una persona de sentimentalismos (todo lo que me dieron de fría lógica debieron quitarlo de algún otro lado, ¿verdad?), pero es que, ¡dios mío, esa sonrisa...! Siempre me ha dado fuerzas, ganas de vivir sin tener el tiempo. Por ella bajé descalza los dos pisos que me separaban del portal hasta el acogedor recibidor de mármol blanco, abalanzándome con una pasión rayana en lo salvaje sobre los labios que me estaban prohibidos y que, aún así, me besaron. Dios mío, ¡y qué bien me sentí!

Y es que, con esa sonrisa, mis queridos y queridas lectoras, me oigo latir la sangre en las venas. Esa sonrisa es la aventura de la determinación. Arde como la pasión desatada bajo las sábanas de vuestras camas y arranca la ponzoña de los huesos. Es la llamada de la vida.

Cada vez que la veo... en esos momentos especiales, en los que no te esperas que alguien pueda reaccionar regalando such a beautiful thing to the whole world. Con los ojos cerrados, la nariz arqueada en una pequeña y casi imperceptible arruga, los labios abiertos y los dientes asomando. Me pregunto cómo he podido sobrevivir todos estos meses sin ella. Oh, santo dios, ¿cómo lo he hecho? ¿Cómo, si es precisamente ahora cuando ardo en deseos de volver a verla una vez más? Ahora, ahora, ahora. Ahora la necesito. Es todo lo que necesito para enfrentarme al Fin del Mundo. De alguna u otra manera acabaré allí, lo sé, de alguna u otra manera. Y todo lo que quiero es la reminiscencia de tu boca curvada en ese gesto.

¡Todo lo que necesito!