7/1/12
25/12/11
Tiempo de descuento
Es increíble como la información puede detener la perspectiva que te habías hecho del día, arrugarla y arrojarla a la papelera como un borrador que ya ha servido suficiente a su propósito. Lo que auguraba ser una jornada aburrida y larga por la ausencia de ciertas variables (que, creo, habría de considerarlas ya como constantes) ha resultado derretirse ante el terrible calor que, como ha de ser, desprenden las buenas nuevas.
Y es que este cuatrimestre apenas he tenido proyectos interesantes en los que trabajar (honrosas excepciones aparte), pero la asignatura a la que acudía religiosamente los viernes después de comer (en muy buena compañía, por cierto)... ah, mantenía una intensa relación amorosa con ella. Y, oh, apenas puedo creérmelo, pero ha sido finalmente correspondida. Álgebra Lineal. Brrr, me entran escalofríos de placer.
Así que, mis queridos mortales, hoy, que me siento tan afín a los números y tan ajena a esas cosas profanas que dicen ser conocidas como palabras, voy a enseñaros lo que es un trabajo bien hecho. Demostraría algún teorema para vosotros si tuviera la certeza de que lograríais pasar de la primera coma, pero como no la tengo... baste decir que he sido una de las ocho afortunadas personas que han salido airosas de semejante empresa cuatrimestral. En su lugar, os voy a enseñar lo que es un trabajo bien hecho. Porque sí, porque me parece que vendéis vuestro amor a un precio demasiado bajo; algo tan devastadoramente íntimo vale mucho más que eso.
Dejeis caricaturas de comentarios, mensajes que derrochan ese buenrrollismo que a mí, a título personal, me parece tan poco verdadero, monteis clubes de fans o le deis a los botoncitos de las redes sociales en esa intachable labor de saturar el infinito ciberespacio... no. Ellos, vuestros infinitos objetos de adoración, seguirán sin ser artistas, porque, para serlo, necesitarían saber hacer obras de arte...
Como esta.
Pronto se convirtió en el tema de conversación más recurrente. Scott (no tardaron en averiguar su nombre), la puta de Lord Godwin. Por ello quizá se sorprendieron tanto la noche en la que él mismo entró, dando tumbos, en nuestra cocina.
En un principio, por su modo de andar, pensé que estaba ebrio. Pero cuando se irguió para mirarnos, descubrí que se estaba cubriendo la parte derecha de la cara. La sangre manaba abundantemente desde su cabello, y había manchado su camisa blanca. El chaleco que llevaba sin abotonar también estaba sucio. Pero su rostro… ese hermoso rostro estaba cubierto de golpes, hinchazones y manchas violáceas. Quien quiera que fuera se había ensañado con él.
Avanzó unos metros, vacilante, en el cuello aún se veían las marcas de mordiscos. En un momento pareció marearse, así que tuvo que apoyarse urgentemente en la encimera, mientras respiraba pesadamente. Sus mejillas aún estaban arreboladas por el esfuerzo que le debía suponer el tenerse en pie… aunque quien sabe si esa rojez no era sino fruto de otros golpes. Finalmente, alzó la mirada y preguntó, con una voz sorprendentemente clara y serena.
-¿Tenéis hielo?
Todos nos quedamos mirándole, sentados en las duras sillas metálicas dispuestas alrededor de la mesa: Bobbie, Atman, Donna, Louise y yo. Y, por supuesto, nadie movió ni un dedo ante su súplica.
Suspiró cansadamente. Fue a abrir la boca otra vez, pero el dolor le hizo doblarse en dos. ¿O era que se estaba riendo? Cuando se irguió, tenía los labios manchados de sangre, y una gota de saliva roja se deslizaba por su barbilla sin que él pareciera notarlo.
-Disculpad, ¿podríais darme hielo? –repitió, y su buen hacer, dada su situación actual y nuestra indiferencia, estaba fuera de lugar. De hecho, ninguno de mis compañeros le estaba mirando. Yo, en parte, podía comprenderlos. ¿Qué demonios hacía Scott ahí? La segunda planta, ruinosa y sin calefacción, estaba reservada únicamente para nosotros, y, esto os lo puedo asegurar, jamás teníamos visitas. Arriba, donde vivía Lord Godwin, había criados de sobra, medicinas, y seguro que fuentes enteras de hielo tallado para simular figuras que encajaran con la estilosa decoración. ¿Por qué rebajarse a venir aquí, a este agujero sucio e inmundo? ¿Buscaba a caso algo de amabilidad? Pues no la iba a tener. Él estaba muy por encima de nosotros en tanto que era el nuevo amante de Lord Godwin y un solo capricho suyo podía ser nuestra desgracia. Pero a la vez, estaba hundido en la porquería, porque se vendía por dinero, y eso era repugnante, asqueroso, ninguno de los que allí estábamos nos habíamos visto obligados a alcanzar semejante extremo.
El silencio se había apoderado de la habitación, y todos parecíamos estatuas: agarrados a nuestras tazas de té, con la vista clavada en la mesa, por la que corría rauda una cucaracha rojiza. El chico seguía allí, apoyado en la encimera, podía escuchar su respiración ronca. La radio, un aparato cochambroso que siempre teníamos encendido, se hizo más presente. La canción actual terminó, dando paso a otra muy diferente. Unas notas en el acordeón fueron el precedente de una curiosa melodía circense que me recordaba a las noches de fiesta en la feria de Redbutterfly. El sonido, como el humo, pronto se extendió por la habitación. Precisamente porque era una música sinuosa y alegre, quedaba totalmente desacorde con la frialdad de la escena en sí. Las notas ya flotaban por el ambiente, como molestas avispas en verano. Esa melodía hablaba de tardes de estío, con una luna brillante en el firmamento para alejar las sombras. De familias alegres llenas de niños, aquellas que ninguno de los presentes (de eso estaba segura) habíamos tenido. De algodón de azúcar, manzanas de caramelo y otros manjares que nada tenían que ver con el té amargo que paladeábamos en ese momento, o el sabor de la sangre. De alegría, dicha y placer. De la alegría de ser humano y compartir con otros en una enorme fiesta. Justo aquello de lo que queríamos ni oír hablar. Por tanto, la música, al traer todos esos recuerdos, nos turbaba de manera tal que ni siquiera nos atrevíamos ni a respirar, con los dientes apretados y los nudillos blancos, esperando angustiados a que terminara de una vez.
Entonces ocurrió algo muy extraño. Scott, que hasta entonces había permanecido renqueante a un lado, empezó a moverse. Primero muy despacio, pero ya entonces pude observar por el rabillo del ojo la sincronía de sus pasos: adelante, detrás, a un lado… Pronto empezó a ir más rápido y a desplazarse por buena parte de la cocina, siguiendo siempre el ritmo de la música. Trató de erguirse e incluso se quitó la mano ensangrentada de la cara, dejando al descubierto su ojo derecho, (hinchado hasta el punto de que apenas podía abrirlo), para así fingir que abrazaba a un compañero imaginario, en un baile de lo más extraño. Noté como todos le lanzaban miradas ansiosas, asustados por su reacción, esgrimiendo el temor que la gente normal tiende a sentir por los locos. Pero él no se detuvo. Siguiendo la melodía, danzó grácilmente alrededor de la mesa, y era curioso cómo, a pesar de las muecas de dolor, la sonrisa traviesa nunca abandonaba su rostro, como si todo el asunto no fuera más que una especie de chiste que nosotros estábamos tardando en comprender. Cuando la música alcanzó una especie de clímax, se acercó bailando a mí, y me tendió la mano, una mano cubierta de sangre, como invitándome a acompañarle. A pesar de su rostro deformado y el cuerpo enfermo, una especie de determinación (¿o era locura?) brillaba en la mirada de su único ojo. En ese momento me di cuenta de que el autor de esos golpes no debía ser otro que el mismo Lord Godwin, cuyos arranques violentos, por cierto, gozaban de una fama nada desmerecida. La mano del muchacho seguía allí, firme, esperando. Dudé unos instantes. Sabía que en agarrarla o no estaban implicadas muchas cosas. Él pertenecía al otro bando, con lo que aceptarle suponía una traición. Traición. Aquello por lo que me había apartado Redbutterfly. Sentí el inicio de una devastadora tristeza en mi interior, como una vorágine descontrolada. Pero es que yo nunca fui una buena persona.
Así que agarré la mano, y ante la sorpresa de mis compañeros, él pasó la suya alrededor de mi cintura y me atrajo a su lado. Moverse en su abrazo era fácil: me manejaba con una maestría sutil y embriagadora. La música se derramaba ahora por mis venas y todo lo que deseaba mi cuerpo era seguirla. Sin darme cuenta, yo había pasado los brazos alrededor de su cuello, y observaba su rostro herido con el deleite del que admira la belleza de un templo en ruinas. Éramos ahora dos barcos de velas rasgadas, perdidos para siempre en el océano infinito y devorador.
So... Merry Christmas, Charlie!
15/11/11
No voy a compilarme
¡Sal de mí, monstruo!
Cuando me golpea la risa no puedo evitar sentirme en paz con todo el puñetero mundo. Clase, objeto o un no voy a compilarme a tiempo y estalla contra los dientes, contra la lengua, deja atrás la saliva que fue su cuna y se desmenuza en el aire como las migajas de una galleta que se parte. Y entonces, aunque nunca importaron las horas entre hojas sucias de papeles garabateados con números, de refulgentes pantallas ansiosas por chupar el tejido líquido de nuestros conocimientos, o de calor insoportable entre los campos de máquinas, la verdad es que todo se hace muchísimo más llevadero.
Últimamente puedo decir que, en ciertos aspectos, estoy muy satisfecha. Y el pooka Erik, demonios, ¡es tan guapo...!
Aunque, hasta que se le pase cierto mal, sea mejor rehuirle.
Prueba también
El Lado Oscuro de la carrera,
So don't be serious
5/11/11
10100
Dejemos una cosa clara... Tengo veinte años. Veinte años son ya una edad considerable, una edad a la que lleva su tiempo llegar. Y claro, cuando tienes esta edad piensas "ah bien, por fin se me considerará un adulto". No un erudito, no una persona que lo sabe todo, ni siquiera como alguien experimentado. Pero sí, al menos, como un adulto.
Yo soy un adulto, y toda la responsabilidad de mis actos, absolutamente de todos, recae en mi propia persona. Así que si quiero declarar que no me da la santísima gana poner licencias o aceptar que cualquier persona se una a mis seguidores, lo hago. Y, como en las tiranías, sanseacabó. Si no os gusta, pum, patada en la barra de direcciones y fuera.
¿No os habéis parado a pensar nunca qué pretendo transmitir...? Porque entonces, definitivamente, debe haber algo que esté haciendo mal.
http://www.youtube.com/watch?v=fZeA0PbjcdI
1/11/11
Dear followers of mine
Cierta persona (¡y hace no demasiado!) se atrevió a sacar a la luz ciertos pensamientos que compartí con ella en un alarde de confianza y afecto... e hizo pública mi elitista intención de joder a algunas
He dejado pasar tanto tiempo
Mirad, seré breve, seré clara y hablaré en voz lo suficientemente alta como para no tener que repetirlo. Este cariñosamente brutal toque de atención está dirigido única y exclusivamente a aquellas personas (vamos a suponer que lo son; ya que soy matemática voy a sentar esta base así, porque me mola para trabajar: es fácil) que se cuelgan de MI botón de seguidores y... ahí... ahí termina toda nuestra relación. Santo cielo, ¿cómo osáis? Una dama de alta cuna, recatada y decente como yo, permitiendo que se cuelen en su dormitorio toda clase de desconocidos que, no sólo no le dirigen la palabra, sino que clavan sus ojos desde las sombras para observar todos sus movimientos en la suave danza del sueño que le desplaza de un lado a otro por entre las delicadas piezas de tela que conforman la cama. No, no, no. ¿Entendéis que no pueda permitir semejante comportamiento, verdad? Sois chicos y chicas listas, sé que lo hacéis (y si no... pues nada, espero que al menos sepáis cual es el antónimo de listo).
En fin, como sé que andar caminando entre metáforas es muy angusioso (últimamente he trabado cierta amistad con una humanista que aprovecha para hostigarme así cuando le viene en gana; sospecho que disfruta haciéndolo), y como ya ha quedado tan bonito y tan poético el post, lo diré en castellano puro y duro, para que todos nos entendamos. Que casi estamos en familia, oye.
Algunos coleccionan sellos, otros chapas y otros pobres desgraciados dados con los que jugar al rol... pero, ¡joder!, todos coleccionan seguidores. Gente que ni puta idea de quién es pero mira, mira qué bonito hacen engordando el número de la lista de personas que leen las cuatro letras mal puestas que las manos propias tienen a bien poner. Es que decoran tanto... es que te hacen sentir tan querido y popular...
¡Pues no, maldita sea! Y como me jode tanto que siempre estéis predicándome al oído que hay que hacer algo para cambiar las cosas, llenándome la cabeza con vuestros discursitos efervescentes como pastillas y llenos de grandilocuentes mensajes moralistas (¿de verdad os creeis que por ser una magnífica crack en computación y demás ciencias no voy a entender de letras? tomad esta piedra y golpearos, porque os lo merecéis, ¡soy un híbrido perfecto!), y visto que casi ME LINCHÁIS cuando se me ocurrió proponer lo de las licencias, pues voy a llevar a cabo esta protesta que no necesita de vuestra ayuda para llegar a buen puerto (no se puede confiar en vosotros... menuda decepción me llevé, sí...). Voy a borrar de mis seguidores a todos esos señores y señoras que no dan señales de vida. ¿Por qué? Pues a ver... obviamente porque me gustaría reivindicar con semejante acción mi total y absoluto rechazo a la práctica de tener ciento dos mil seguidores no puede ser: es demasiado poco retorcido para una mente como la mía. Así que nada, podéis pensar en mí como una especie de elitista frustrada, un personaje atormentado y resentido que repta hasta el ordenador y teclea con furia todo lo que quiere vomitar sobre un pedazo de papel digital.
Ah sí, mucho mejor, dónde va a parar. Ahora puedo descansar tranquila.
Buenas noches.
Y Kerry es un borracho. Habráse visto.
5/10/11
Millions of light years away
Y los días fluyen, como niveles de tensión oscilando entre los dos únicos posibles valores que existen. Apagado, encendido.
Me siento abrumada. Las primeras fiebres de octubre se han llevado la chispita que mantenía mis pies, de puntillas, en la tierra. ¿Quién soy, qué hago aquí, qué significa esta hoja en blanco, y por qué la tinta me pregunta cómo desmenuzar una resta...? Y mis dedos, entes ajenos pegados al cuerpo con la resistente cola que es la sangre, codifican haciendo escupir tinta a un bolígrafo para que mi cerebro, que retoza sobre el suelo con los coloretes de la enfermedad en las mejillas, pueda hacer pompas de jabón con la nariz.
Pero sabéis, quizá sea precisamente por eso que me siento tan abrumada. No ceso de recibir estímulos, y eso me hace vibrar como si fuera un instrumento. Recoger inspiración de un puñado de letras convenientemente cosidas juntas... ah, y sentir que se ha borrado un margen, que su pasión y la mía no son diferentes, que tiene el poder de manipular los músculos que estiran mi boca, de crear el sonido agudo que mis cuerdas vocales deforman para reír...
Sí, y entre estas nubes de silenciosa aceptación, que prefieren tapar las verdades vidriosas de mis ojos aquejados por la fiebre, sigo temblando entre escalofríos, preguntándome qué clase de magia negra remendada sobre la etiqueta de semejante prenda de cincuenta y tres folios ha permitido que sus letras me acompañen durante mis desventuras algebraicas...
Lift your eyes and let me in
cause baby I'm an alien like you
would you ever wake at night and realize
the reason why you knew me then
is maybe I'm an alien too
would you ever let me be an alien with you...
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