15/8/09

Nubes


Yo ya no sé
Si por azar o por suerte
Soy la novia de la muerte
Que se esconde en tu sonrisa

Tengo prisa ya por verte
Por tenerte entre mis brazos
Porque cuando tu estás lejos
No me late el corazón...





Me revuelvo inquieta entre las sábanas. Mis dedos rozan la tela en un desesperado intento por escapar de un mal sueño. Tengo los ojos cerrados y estoy en el límite de la consciencia, notando nítidamente y con gran esfuerzo que aquello que estoy viviendo solo es una pesadilla. Mi pelo, revuelto, se extiende sobre la almohada, moviéndose al son de mis vueltas y giros.
Distingo un líquido caliente y húmedo deslizarse por mis mejillas lentamente. Creo que estoy llorando. Vuelvo a ver las imágenes que me atormentan desde hace tanto tiempo y grito.
Una mano levanta las sábanas, porque de repente siento frío, y se inclina sobre mi rostro permitiéndome, tenuemente, percibir su respiración sobre mi cara. Me seca las lágrimas y me susurra palabras que no alcanzo a distinguir.

-Despierta.

Abro los ojos pesadamente y lo primero que alcanzo a ver son sus ojos. Su rostro se curva en un gesto de preocupación y su mirada esta fija en mí.
Me estrecha entre sus brazos y mi corazón despierta de repente, comenzando una frenética carrera en mi pecho. Nos quedamos así hasta que me deja caer de nuevo sobre la cama y me mira esbozando media sonrisa.

-Me has despertado con tanta vuelta.

Me arden las mejillas y me sonrojo. Él lo nota y su sonrisa se ensancha.
Me encanta el brillo de sus ojos cuando le veo feliz.

-Lo siento.

Levanta un dedo y lo lleva hasta mis labios, pidiéndome silenciosamente que no siga hablando. Su rostro se acerca despacio hasta casi borrar la distancia entre nosotros.

-No importa.

No, no importa, pienso mientras su mano se posa sobre mi nuca y sus labios rozan los míos con delicadeza. Pronto profundizará el beso y, como tantas veces, habrá conseguido que me olvide de las pesadillas que aún siguen visitándome de vez en cuando. Porque sabe que para mí no hay mayor consuelo que el saber que todavía, después de tanto tiempo, él sigue a mi lado.






Algo que escribí hace siglos y que he rescatado de las profundidades del ordenador de sobremesa que ya apenas uso.
Estoy cansadita.
Te echo de menos.


1 comentario:

Niwa dijo...

Me encanta. Me encanta. Me encanta.

¿Cuántas veces te habré dicho que tienes que escribir más?
Da igual, porque estas pequeñas dosis hacen que valga la pena la espera entre un fragmentillo y otro.

Ya estoy de vuelta yo tambien, a ver si nos vemos pronto.

¡¡No dejes de escribir nunca!!



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